Hornos antiguos para cerámica

Los primeros métodos de cocción tenían lugar al aire libre; las piezas de cerámica se colocaban junto con ramillas y paja en un hoyo no muy profundo, se recubrían con arcilla y paja y después se encendía el fuego. Pasado un período de tiempo,  los hornos se convirtieron en estructuras cilíndricas fijas, con un túnel de entrada lateral en el que se encendía el fuego.

Más tarde los griegos empezaron a construir bóvedas o estructuras de forma alveolar con chimeneas en la parte superior que podían abrirse o cerrarse para regular la corriente de aire ascendente.

Los objetos de cerámica se introducían por la parte superior del cilindro a través de una abertura lateral de la bóveda y se colocaban en una plataforma hecha de barra de arcilla cocida., ancladas en las paredes y sostenidas por un pedestal situado en el centro. Al pasar a Europa occidental, los hornos no experimentaron cambios apreciables en los milenios siguientes, excepto la adquisición de la forma cuadrada, que se produjo en la Edad Media.

Los hornos orientales tenían chimeneas situadas al mismo nivel de los objetos de arcilla, o por debajo de ellos, creando así una corriente de aire transversal y descendente, capaz de producir temperaturas más altas y de cocer la arcilla de manera más uniforme

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