Hornos para la industria

Para los hogares en que deban producirse bajas temperaturas se pueden emplear los materiales comunes, el ladrillo con mortero de arcilla y yeso; pero para los laboratorios de mediana temperatura, y con mayor razón los de alta temperatura, deberán usarse los refractarios, por lo menos en ciertas regiones de los primeros y en todas de los segundos.

El espesor de los muros debe calcularse según la conductibilidad del material empleado; cuanto más conductor mayor deberá ser su espesor.

Si un horno no se enfriara por el calor absorbido por las paredes, le bastaría recibir por hora un número de calorías igual al que necesita la operación que se practica en él; pero por desgracia es difícil alcanzar este ideal, y la conservación de la temperatura por enfriamiento exige, en algunos casos, más de cien veces el número de calorías que la operación, ya sea química o física. Otra causa influye en el enfriamiento de los hornos, y es la irradiación a través de los muros calientes hacia el exterior.

La forma de los muros influye notablemente en el enfriamiento, por conductibilidad y radiación. La circular o de cuba, que muchas veces es inevitable, origina más que otras cosas, pérdidas de calórico por transmisión. Sería conveniente dar forma cónica y no convexa a los muros exteriores de los hornos; pero en la mayoría de los casos no es posible, unas veces por la necesidad de establecer puertas de trabajo y no poder dar demasiado espesor a los muros, que dificultaría el acercamiento de los obreros, y otras por las dificultades de combinar la forma cóncava con la economía de construcción.

Esta entrada fue publicada en Hornos Industriales. Guarda el enlace permanente.